Soy un afortunado. Quizás llegue a un buen puerto. Un puerto de Europa, aunque no conozco bien los mapas. Traigo conmigo un único enser: mi vida, mi existencia, los latidos de un cuerpo y las esperanzas cansadas de un alma. Nací más allá de las olas, más lejos del horizonte del mar Mediterráneo. Y he caminado por las estepas y el desierto. Ahora me lanzo al agua que puede ser mi transporte o mi tumba. Soy un material de viaje colectivo. Un punto numerado. Un hueco. Me empujan para que en la barcaza quepan más. Y siento el aire espeso de la espera. Es de noche, vamos a partir. Voy solo. Soy un afortunado. No tengo familia. Nadie depende de mí. No tengo nada. Pero tengo un espacio en el trayecto. Quizás, al alba, haya dado el salto hacía la tierra en donde nadie pasa hambre. Yo sé que mi corazón resistirá. Y sé nadar. Nadie me va a quitar el sueño de comer. Nadie. Ni Dios.
viernes, 28 de agosto de 2015
miércoles, 5 de agosto de 2015
DECÍAMOS AYER...
La Poesía es un género literario en el que las palabras conforman un todo rítmico que produce una sensación armónica y sugerente al escribirlas, leerlas, o escucharlas. Tiene sus conceptos universales - como lo tiene el teatro, el ensayo, la misma narrativa, aunque en este género quepa casi todo - y esos conceptos no son nada sin el lenguaje. El empleo del lenguaje ( no un lenguaje especial poético, sino las palabras unidas formando un todo poético ) es la base y la clave de la Poesía. Sin lenguaje no hay literatura y, en el caso del género poético, este necesita unos elementos que lo distinguen del resto. Aparte del ritmo ( eso que se nota cuando falta, no necesariamente una determinada métrica ) la capacidad de sugerir y el elemento sintético que, normalmente, hay en todo texto poético. Esto es, para mí, el ABC, de la Poesía. Lenguaje, solo lenguaje, ritmo, solo ritmo, sugerencia y síntesis. Lo demás son puestas de sol y trinos, como bien decía Antonio Machado. ¿En la música hay Poesía, en la pintura hay Poesía? PUES NO. Hay belleza, cuando la hay. Como en una mirada. Es otro lenguaje, el visual, el imaginado, y las sensaciones que producen se pueden traducir a poemas. Pero las meras sensaciones no son Poesía, no conforman un género literario. Y, por supuesto, el mayor error - tan alabado error, aunque suene bien - es asumir como icono poético aquello que escribió Bécquer y que tanto encandila a algunas señoras: "Poesía eres tú". Apañada estaría la Literatura universal si fuera así.
Y ahora añado una cita de Robert Creeley:
Decir cosas –y decirlas con una articulación que imprima un carácter físico a las palabras - es lo asombroso de un buen poema. Lo es cuando los ritmos que las palabras pueden encarnar mueven a la armonía y a la congruencia esencial. Un espacio al que uno llega, en el que esas palabras reflejen contenidos conformándose unas a otras ( Robert Creeley. Qué es la Poesía )
miércoles, 3 de junio de 2015
EXCESO DE INFORMACIÓN
Mis blogs... Dos espacios, dos lugares en los que me encuentro, sobre todo, conmigo mismo. Los blogs personales literarios (y de todo tipo) pierden visitas. Salvo los de gente a los que los medios de comunicación convierten en estúpidos iconos y que tienen millones seguidores lo normal es que la gente no entre de forma asidua en las páginas y blogs de los otros. Es lógico. La sociedad nos empuja a una vida sin reposo y en la que existe un exceso de información. No damos abasto en las entradas, la lectura, los comentarios... Somos millones de personas y cada una tiene, para sí misma, la vida más interesante y las cosas más interesantes -según su óptica- para escribir y compartir. Es por ello que he decidido dejar mis blogs como sitios de referencias personales, almacenes de identidad y memoria que me sirvan, sobre todo, a mi. Evidentemente, hasta que Google deje de ser el almacén general de todos o una buena explosión electromagnética del astro principal de nuestro sistema planetario mande todo al infierno. Así que esta entrada es, simplemente, una reflexión sobre las razones por las que este blog, ESPACIO PERSONAL DE EMILIO PORTA, así como mi segundo blog - más literario y un poco menos filosófico que este, aunque también, porque no concibo la literatura sin pensamiento - PÁGINA PERSONAL DE EMILIO PORTA, van a tener futuras entradas contadas. Solía poner una entrada al mes... pero me olvidaré de los periodos y pondré en los blogs los escritos que quiera guardar más allá de los archivos de mi propio ordenador - tan frágiles que dependen del funcionamiento de una máquina - y sin tener demasiado en cuenta el tiempo. En realidad los blogs, tal y como están pensados por la mayoría, son solo escaparates de la vida social. Y a mi, sinceramente, ese aspecto, cada día me trae más al fresco, que es una expresión muy castellana y gráfica. No es que no me importen los amigos, no es que no me importe el mundo... es solo que he aprendido a analizar y ver con claridad donde están las prioridades, mías y de los demás. No, no hay tiempo ni posibilidad de atender a todo. Y, además... ¿para qué?
sábado, 21 de marzo de 2015
MIRAR
La sensibilidad y la inteligencia suelen ir unidas. Y suelen tener como consecuencia la lucidez y la bondad, que, como decía Beethoven, es el único signo de superioridad reconocible en el verdadero ser humano. Somos tanto y tan poco... Hay millones de galaxias, cientos, miles de millones de planetas y estrellas y nosotros solo ocupamos una parte infinitesimal de la vida. La Historia, nuestra historia, apenas es una línea en el inmenso libro general del Universo. Estar atentos a la luz no es querer ser la luz. Solo podemos intentar ser nosotros mismos - y eso ya es ser mucho a pesar de la escala - y no buscar acaparar el brillo de la existencia. Tan solo ocupar nuestro pequeño lugar. Cada vez amo más el silencio, que no es la ausencia de palabras - mucho menos las palabras escritas - sino la ausencia de idolatría. El ego es el más triste y pobre de los ídolos. Y el más ridículo. Amo a la gente que sabe ser y estar, que sabe mirar, que sabe ver.
lunes, 27 de octubre de 2014
PEQUEÑA CARTA A DAVID NIHALAT
"El mundo es tan amplio que solo la mente puede abarcarlo. Nuestro encuentro en Melbourne, David, fue el inicio de una buena relación. Luego el tiempo pasado en Adelaida, aquellos meses en que me enseñaste tu despacho y el campus de la Universidad, y tantos momentos en los que, a través de mensajes y sueños, coincidimos. Pasan los años y yo sigo con mis libros y tú con tus pensamientos. No hay mejor amistad que aquella que no necesita de encuentros presenciales. En realidad, todo lo que tenemos que hablar, lo hacemos a través del envío de la palabra escrita. Es bueno tener un amigo como tú. Tan lejano, pero tan cercano. Sé que sigues con tus clases en la Facultad de Letras y Filosofía y con tus tutorías. Qué bonita ciudad es Adelaida. Y qué hermoso país es Australia, uno de los pocos lugares donde se escribe aún en futuro. Yo, después de mis viajes, empecé a comprender que todo lo acaecido no significaba mucho si no formaba parte del escudo de descubrimiento y conocimiento que es nuestra protección para vivir. Son tiempos difíciles, siempre lo han sido para los que han pretendido escapar de la masificación y la mediocridad, pero aún vivimos en el aprendizaje interior y la esperanza de la iluminación. Siempre envidié tu posición de profesor. Yo lo he sido, por etapas, en aquellos institutos y escuelas en Devonshire y en algunos centros de enseñanza en Madrid, y, en distancias cortas, en seminarios y actividades culturales, pero esa vida universitaria, mantenida y en paz, que almacenas, es algo que me hubiera gustado tener en permanencia. Algo de ese despacho imaginario de la Universidad lo he trasladado a Orzeán y sus pequeñas celdas abiertas a la libertad, la única totalmente realizable, la que se abre a través de nuestra mente. Orzeán... siempre he amado los monasterios por su espacio y su silencio. Y también por sus bibliotecas. Allí se empezaron a guardar los libros, el saber. No había más posibilidad que labrar la tierra, copiar el conocimiento y reflejarlo en la palabra escrita. Hoy el mundo es otra cosa. La gente no vuela ya solo con la imaginación: se traslada en coches y aviones, mueve el cuerpo, ya que la mayoría no sabe volar con el alma. Yo sigo empeñado en la confluencia de ambos y, alguna vez, lo consigo yendo a pequeñas y grandes ciudades antiguas donde, en las primeras Universidades y Estudios Generales, se alumbró, o a pequeños pueblos donde se conserva aún el comienzo. Bueno, David, sigue enviándome algunos de tus pensamientos - siento que son como míos - y, aunque impartas clases y sigas con tu trabajo, mantén un pequeño tiempo para respirar y mirar lo esencial. Los dos sabemos donde está. Solo que no siempre la existencia permite permanecer en ello. Afortunadamente, compartimos el privilegio de poder mirar las cosas con perspectiva diferente a la del mero discurrir. Qué suerte saber cuales son las páginas que conforman el verdadero relato de la vida, el único que puede acompañar siempre sin necesidad de ser explicado"
Port
sábado, 27 de septiembre de 2014
HOY
Es como si por primera vez todos empezáramos a tener
conciencia de la inmensidad de lo general y de la escasa importancia de lo
particular en medio de la vida cotidiana del planeta. Tantos millones de
personas, de países, naciones, culturas, tanta diversidad y multiplicidad y
tantas esferas y expresiones personales, son el resultado de la constatación de
nuestra pequeñez y de la falta de transcendencia universal de nuestros mundos
particulares. Si ya la Tierra es un pequeño punto azul en el Universo, y nuestra
historia una infinitesimal parte del Gran Misterio, lo que hacemos cada uno, lo
que creamos, lo que decimos o sentimos es, simplemente, nuestra pequeña
aportación perdida en el infinito y solo tiene el valor del reconocimiento
propio para conformar nuestro mundo personal. Es necesario comprender y asumir
esto para no sentir que nuestra escritura, nuestros textos, nuestras
reflexiones son importantes o pueden llegar a serlo. Hay un grado cada vez
mayor de conciencia de la generalidad y hay una apabullante explosión, debido a
internet, de apariciones personales, buenas para la cultura y el progreso,
buenas para la ampliación de la comunicación colectiva y la ósmosis de las
culturas y el conocimiento... pero que, a nivel particular, solo sirven para
enlazar las pequeñas cosas de los habitantes de este espacio y tiempo (
efímero, además, como todo en la Historia ) y de los habitantes de cada
geografía. Vida y muerte continua, sucesión de tiempos individuales y
colectivos, fragilidad de la permanencia, aparición y almacenamiento continuo
de blogs, libros, comunicaciones en la red... todo conformando un maregmagnum
imposible de conocer y determinar. Todo es un inmenso baúl con compartimentos
cada vez más difundidos y, a la vez, cada vez más estancos e inútiles para la
trascendencia. El ahora del hoy es un inmenso instante, casi infinito, lleno de inputs, referencias, imposible
de abarcar en su totalidad, es más, ni siquiera en una sustantiva parcialidad.
Por eso el mundo del arte y la escritura ha cambiado y se ha convertido en un
desierto lleno de cosas, un paisaje que solo sirve al propio creador, que hará
mejor en intentar que su quehacer no busque ir más allá de un diario y una
referencia propia y personal sin intentar llegar a los otros ( ¿qué otros?)
influir o ser reconocido. El amargo corolario de esta reflexión nos acerca cada
vez más a las hormigas. Pero es la realidad del análisis y la mirada a la vida
actual. Por ello la inteligencia debe hacernos, no cambiar o abandonar nuestros
intentos, pero sí darles el valor que pueden tener: el de señas personales de
identidad y el de memoria de vida.
domingo, 31 de agosto de 2014
LA VIDA POR LA NADA
No se cómo coexistir con el mal. El mal, la negación del derecho a la
vida. El asesinato frío en masa en nombre de algún dios. Eso es el mal para los
que creemos que el Hombre nace como tal con el pensamiento, la individualidad,
la conciencia como persona. La Naturaleza ha sido siempre cruel, no ha
entendido de derechos ni deberes. No tiene moral. Es, y seguirá siendo, un
terrible misterio. Pero el ser humano ha ido adquiriendo conciencia de sí mismo
a través de la civilización. La civilización ha traído resguardo, alimento, y,
sobre todo, el escudo de la cultura. Una cultura que pone el énfasis en el
desarrollo del respeto a la belleza, al conocimiento, al progreso de la mente y
a la evolución del ser humano. De siempre ha existido el miedo. Y el miedo creó
a los dioses. Y la ignorancia les dio su superioridad. El Hombre, a lo largo de
la Historia, se creyó más fuerte si contaba con la aquiescencia y el respaldo de
un Ser superior. A ese ser o a esos seres superiores les adoraba para adquirir
fuerza. Y la Nada – eso son los dioses – les respondía con el silencio que
ellos interpretaban como voluntad. Ellos mismos llenaron el silencio de
palabras, de códigos, para reforzar sus verdades, para dominarse a sí mismos y
a los otros. Los otros… Nunca fueron más que peldaños en esa dominación. Solo
algunas religiones reconocieron, poco a poco, el valor de la solidaridad, de lo
que se llamó amor… por encima del temor. Aun así la Historia está llena de
muerte e injusticia y, sobre todo, de Horror. La Historia es el devenir
dialéctico de lo que llamamos el Bien y el Mal.
Hemos llegado hasta aquí con una dosis abundante de Mal. Pero parece
que, a pesar de todo, quedaba, queda, una conciencia del Bien. Lo duro de
aceptar es que ese Bien tiene un valor cultural diferente según el estado de
evolución de los humanos. Yo no llamaría humanos a los asesinos. No puedo
aceptar que la raza humana sea el peor animal. Y, sin embargo, al menos nominalmente, algunos individuos pertenecen a ella. Yo odio la crueldad. Y la
injusticia. Y odio las religiones, sobre todo las que alienan al individuo y le
ofrecen el Paraíso en función de mantener a sangre, fuego, y fanatismo, la locura del Reino
de Dios en la Tierra a través de la muerte y destrucción del diferente, del que
se rebela contra los designios de la ignorancia. Las religiones son el mayor
ejemplo de ignorancia. Y aquellas que piden la vida en nombre de Dios, se llame como se llame, son la ignorancia absoluta, el Mal en su mayor glorificación.
No puedo permanecer incólume cuando algunas religiones y otras ideologías
asolan el planeta. Lo han venido asolando desde hace siglos. Pero habíamos
llegado hasta aquí, un comienzo de la destrucción de los falsos mitos y parecía el principio de un nuevo amanecer de la inteligencia. Habíamos llegado a lo que parecía una nave en la que ya no
se arrojaban esclavos por la borda, no se encarcelaba o suprimía al disidente,
un barco que, colectívamente – a pesar de las atrocidades cometidas
en el pasado siglo XX y que permanecen en la mente de todos – navegaba más cerca de la
Utopía, más cerca del bien.
Pero no es así. Aún quedaba Alá, el nombre más indiscutible de Dios para
sus seguidores. Alá, un dios que reclama adoración absoluta, que no
admite discrepancias, que exige unas normas sociales y ritos ancestrales y la vida del enemigo.
Y el enemigo es aquél que no acepte la palabra creada por el Profeta en su
estricta literalidad. Ese Alá que sobrevuela con la bandera negra de sus más fanáticos seguidores por las zonas
más atrasadas del nuestro planeta, que amenaza con que su credo sea impuesto
por medio de las armas y la inmolación, destruyendo todo rasgo de vida y
respeto al otro al paso de sus soldados, que son los únicos que no temen matar y morir sobre el asfalto o la arena, en la seguridad del cumplimiento de las promesas de su Libro,
el único que respetan, su única guía.
Sí, odio la crueldad… y odio más que nada la crueldad de aquellos que la
ejercen sin cortapisas en nombre de un dios sádico y exigente que disfruta con
la sangre, el expolio, el asesinato y la destrucción de los que no piensan como
Él. De aquellos que no piensan... como la Nada.
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